
La mayoría de los blogs, incluido el mío (en parte), están destinados a ser una suerte de recipiente infinito en el espacio. En el permanente intento por comunicarnos, en un tiempo como este, aparecen herramientas extrañas. El blog, es una. Y hay muchos blogs. Es más fácil compartir así, tal vez, trás de un computador. Es más fácil llegar a una cantidad anónima de supuestos lectores, para decir cualquier cosa, así, trás de una pantalla. La internet sí que es un océano, frío, impersonal, y lo mejor: aguanta de todo. Tanto que es fácil pensar en su colapso, cómo será su colapso!...vendrán los bomberos del país de Montag para acabar con esta masa flotante de información!La magnitud que se sostiene en estas redes extrañas, gruesas, grises, y calientes es incomprensible. Un monstruo cibernético se alimenta de nuestras palabras. Yo las doy, nosotros las damos, en una afán simple: decir algo, mostrar algo. Comunicar. Una voz se extingue al final de una línea, yo solo muevo mis dedos, un sonido alejado está acabando en la claridad de un campo.